Santurantikuy: el corazón de la Navidad en Cusco
El 24 de diciembre, la plaza amanece abarrotada. Las lonas se levantan antes de que terminen de cantar los gallos y, para las siete, los pasillos ya están llenos de aserrín y posibilidades. Santurantikuy, este enorme mercado navideño cusqueño, trata menos de comprar y más de completar la historia que cada familia cuenta con su nacimiento.
Un anciano talla con paciencia un pastor de cedro mientras su nieta trenza diminutos chullos de lana. Al frente, un vendedor aviva las brasas bajo los anticuchos; el humo se enrosca alrededor de ramos de retama. Se escucha quechua, español y, de vez en cuando, algún ruego en inglés pidiendo direcciones. La feria vibra hasta que la luz se vuelve dorada y luego se repliega, dejando paso a la Nochebuena y a las campanas de las iglesias de Cusco.
Qué encontrarás en Santurantikuy
Figuras del Niño Jesús no más grandes que un dedo, envueltas en telas tejidas a mano
Chanchitos de barro, hornos de cerámica y pequeños sacos de quinua para el belén
Muña seca que se convierte en un té humeante que alivia el dolor de cabeza
Tamales humeantes en hojas de plátano y picarones bañados en miel de chancaca
Consejos para vivir la feria como visitante
Llega con hambre y temprano: a las 8:30 a. m. es mucho mejor que enfrentarte a la multitud del mediodía. Lleva billetes pequeños en bolsillos separados; casi nadie tiene cambio para uno grande. Ponte zapatos con buen agarre: las piedras de la plaza se vuelven traicioneras después de la lluvia. Sonríe primero, regatea después. Los vendedores recuerdan las caras.
Si un puesto está abarrotado, suele valer la espera. Toma fotos de los productos, no de las personas, a menos que pidas permiso. Hacia las tres de la tarde la energía cambia; las familias regresan a casa para preparar la mesa y la plaza se vacía como una marea lenta.
El Niño Manuelito y la espiritualidad de la Navidad cusqueña
Entra a casi cualquier casa y conocerás al Niño Manuelito, el Niño Jesús que recibe trato de realeza. Llega vestido de terciopelo o seda, coronado de plata, sentado en un trono de musgo y espejos. Las familias construyen mundos enteros a su alrededor: montañas de espuma, ríos de papel aluminio.
El nacimiento en los hogares cusqueños
El belén no es estático. A mitad de mes, una llama puede “escaparse” y ser reemplazada por un turista de cerámica con botas de trekking, porque el nieto así lo quiso. El agua corre sobre piedritas, las estrellas LED parpadean y, en algún rincón, una radio suena con cumbia lo suficientemente bajo como para no tapar las oraciones.
Por la noche, la gente abre sus puertas. Entras, aceptas una taza de algo humeante y escuchas historias de milagros que ocurrieron justo ahí, en esa misma habitación. La fe se siente tan cerca que casi se puede tocar.
Sabores de la Navidad en Cusco
El 24 nadie come temprano. Primero la iglesia, luego el banquete; dormir es opcional.
Chocolatadas y solidaridad
Durante todo el mes, ollas más grandes que una bañera burbujean en patios de colegios y plazas. Chocolate caliente espeso, perfumado con clavo, panetón que pasa de mano en mano. Niños de las comunidades altas miran con los ojos bien abiertos mientras los voluntarios llenan los platos sin medida. Te unes a la fila, nadie pide documentos y, de pronto, estás cargando al hijo de una desconocida para que ella pueda servirse una segunda vuelta.
Qué hacer si viajas a Cusco en Navidad
Reserva alojamiento antes de septiembre o prepárate para dormir en el aeropuerto. El centro histórico se llena rápido, pero caminando cinco minutos puedes encontrar menos ruido y mejores precios. Llega temprano, respira despacio y evita el bar la primera noche.
Actividades recomendadas, logística y consejos de reserva
Misa de medianoche en la catedral: una Navidad coral que vibra en el pecho
Caminata a Sacsayhuamán antes del amanecer: la ciudad abajo parece bañada en miel
Únete a una familia de San Blas preparando humitas: te irás con harina en la camisa y recetas en el celular
Visita el mercado de Pisac el día 23: misma esencia, menos empujones
Camina todo lo que puedas, a menos que las rodillas protesten. Los taxis esperan fuera de las iglesias como perros pacientes. Lleva poncho; la lluvia no pide permiso.
Navidad en Cusco con niños y en familia
Los más pequeños suben el volumen de la magia. Detectan la oveja de tres patas en el belén, negocian por silbatos de barro, se quedan dormidos a mitad de la procesión con bigotes de chocolate. En los parques hay piñatas; los hoteles sacan libros para colorear con vírgenes en polleras incas.
Dales de comer temprano si la medianoche parece cruel, aunque muchos duermen durante la misa y despiertan con hambre feroz por el lechón. La ciudad late al ritmo familiar: nadie apura a los niños ni los saca del camino.
La Navidad en Cusco te deja los bolsillos llenos de virutas de cedro y el estómago satisfecho con cerdo de madrugada. El mercado navideño se dispersa, los coros descansan la voz, pero el sabor del chocolate con clavo y el eco de las campanas te acompañan cuesta abajo. Viniste por unas fiestas. Te vas llevando otro tipo de silencio.
Preguntas frecuentes
¿Cómo es realmente el clima en Navidad en Cusco?
Unos 18 °C y sol durante el día; frío de abrigo por la noche. Las lluvias de la tarde pasan rápido, como pensamientos.
¿Cuándo se realiza Santurantikuy?
El 24 de diciembre, de amanecer a anochecer. Temprano hay espacio; tarde, mejores precios.
¿Qué se sirve en la cena navideña en Cusco?
Lechón o pavo, papas de colores, ajíes picantes, tamales, chocolate caliente y migas de panetón por todos lados.
¿Es buena la Navidad en Cusco para viajar con niños?
Es su territorio: colores, dulces y cero juicios por dedos pegajosos.
¿Momentos espirituales imperdibles?
Los belenes caseros que parecen vivos y los coros de la catedral que detienen el tiempo.